-Las corrientes reaccionarias cuestionan todo lo que no coincida con su visión sectaria y anclada en el pasado.
04/07/09
Varsovia, 4 jul. (COLPISA, Paco Soto).
“La situación de las mujeres en Polonia es muy dura; la sociedad polaca es conservadora y millones de hombres, con la ayuda de buena parte de la Iglesia, consideran que las mujeres son inferiores y no deben tener los mismos derechos, y en los sectores populares empobrecidos y con bajo nivel cultural la realidad es aún más dramática”. Así de descarnada es la escritora Manuela Gretkowska, que fundó hace unos años el Partia Kobiet (Partido de las Mujeres). La situación que describe coincide con los dramáticos datos oficiales sobre violencia doméstica. En 2008, 150 mujeres polacas fueron asesinadas por sus cónyuges, el doble que en España, y 800.000 fueron víctimas de malos tratos.
“En estos 20 años de democracia hemos avanzado muy poco; la violencia física, psíquica y social contra las mujeres es una realidad muy grave y los poderes públicos suelen ser timoratos a la hora de encarar este problema”, señala la fundadora de Partia Kobiet.
La situación de Polonia, como ocurre en otros países poscomunistas, es compleja y contradictoria. Por una parte, el país se ha modernizado y las mujeres, que se incorporaron masivamente al mercado de trabajo y obtuvieron derechos sociales en la etapa comunista, ejercen un protagonismo real en el país. Pero la ofensiva de la poderosa Iglesia católica y de amplios sectores retrógrados contra derechos adquiridos por las mujeres, junto con el gran cambio capitalista de hace 20 años, han hecho mella en la estructura social.
Opción católica
Las corrientes reaccionarias cuestionan todo lo que no coincida con su visión sectaria y anclada en el pasado de la vida y la sociedad: divorcio, despenalización del aborto, educación sexual, homosexualidad, fecundación ‘in vitro’, igualdad de derechos entre hombres y mujeres… Para estos sectores, las mujeres sólo deben ser esposas y madres y la violencia de las que son víctimas muchas de ellas “no provoca escándalo y es vista como un mal menor”, destaca Manuela Gretkowska. Los partidos de todas las tendencias, incluso SLD (izquierda socialdemócrata) cuando gobernó, no se atreven a tomar las medidas políticas y legislativas pertinentes para cambiar esta situación, alertan los colectivos feministas polacos, que han crecido espectacularmente.
En un país como Polonia, donde la opción católica y nacionalista se erige como la única posible en una parte sustancial de la población, para cambiar la situación de las mujeres serían necesario “cambiar la mentalidad de mujeres y hombres”, consideran los activistas Maria Szyszkowska y Czeslaw Janik. El panorama de malos tratos y discriminación a las mujeres es tan grave que la UE ha pedido a Varsovia que adopte de una vez por todas medidas eficaces y asuma valores democráticos compartidos por la Europa comunitaria.
Maria Szyszkowska y Czeslaw Janik piensan que “Polonia no es un país democrático, porque discrimina a los grupos, partidos y asociaciones que luchan por la igualdad de las mujeres y las minorías”.
(((VINCULAR)))
Sociedades arcaicas
Varsovia, 4 jul. (COLPISA, P.S.).
La situación en otros países de la región no es mucho mejor. En Rumanía, a finales de la década de los 90 del siglo XX, el 60% de los divorcios celebrados en Bucarest tenían por causa la violencia física contra las mujeres. Diez años después, en lo sustancial, la situación no ha variado, aunque ha crecido el rechazo social a la violencia machista y el país dispone de una ley contra esta práctica desde 2003. Cristiana Horia, directora de la ONG Sensiblu, afirma que los malos tratos a las mujeres suelen ser “frecuentes”. Es lo que revela el Centro para la Sociología Urbana de Bucarest: una mujer rumana de cada cinco suele ser víctima de la violencia machista y el 63% sufre este problema con regularidad.
En Bulgaria, la violencia contra las mujeres, especialmente en el campo y entre los sectores sociales y étnicos más desfavorecidos, es una dura realidad. Cada año, 60.000 mujeres búlgaras son maltratadas y sólo el 1% de las violaciones son denunciadas a la Policía.
En Hungría, la actitud de la sociedad frente a la violencia contra las mujeres es “arcaica”, denuncia la especialista en esta materia Krisztina Morvai. “La violencia conyugal se extiende a todos los sectores, pero no hay políticas sociales y penales coherentes y eficaces. La sociedad suele culpar a la víctima de lo que le pasa y el código penal húngaro no criminaliza la violencia conyugal”, explica Morvai. Ni siquiera Chequia, que es considerado como uno de los países más avanzados de la antigua Europa comunista, presenta un mejor panorama. Según un sondeo de la Academia de las Ciencias de este país, el 38% de las mujeres checas reconoce haber sido víctima de malos tratos. Otros estudios del Gobierno y la Policía revelan datos parecidos, y en 2004, Amnistía Internacional denunció que el 70% de las mujeres checas asesinadas habían sido víctimas de la violencia conyugal.
En la vecina Eslovaquia, las denuncias por acoso sexual no han dejado de aumentar desde 2004, y en Eslovenia, la violencia contra la población femenina es “preocupante”, según una conferencia internacional celebrada recientemente en la Facultad de las Artes de la Universidad de Ljubljana.
Fuente: Colpisa


























