Entrevista realizada por Dominique Bari y Rosa Moussaoui
Traducido el lunes junio 15 de 2009, por J.A. Pina
L’Humanité en español
Refugiada en Francia, Taslima Nasreen llama a las fuerzas de izquierda, en todo el mundo, a reforzar los combates laico y feminista para levantar un dique a los fundamentalistas.

Obligada a abandonar su país, después la India, donde había encontrado refugio, debido a la presión de los fundamentalistas. La escritora de Bangladesh, Taslima Nasreen, rostro del combate contra el integrismo, participó en los Encuentros laicos internacionales, en Saint-Denis (Seine Saint Denis).
H.- Su combate contra el fundamentalismo no se detiene en el islamismo. Usted denuncia igualmente los integrismos cristiano, judío, hindú. ¿Cuáles son sus elementos comunes ?
TN.- Yo me rebelo efectivamente contra todos los integrismos. En lo que me concierne, he sufrido toda mi vida el fundamentalismo musulmán. Nací, crecí, en un país musulmán. Cuando he criticado los fundamentalismos, y las religiones en tanto que tales, se trate del hinduismo, el cristianismo, el judaísmo, el budismo, porque todas oprimen a las mujeres, nadie me ha amenazado de muerte. Pero cuando hablo del islam, entonces los fundamentalistas musulmanes lanzan fatwas pidiendo mi ejecución, mi ahorcamiento. Se ha puesto precio a mi cabeza. De esta manera fui expulsada de mi propio país, Bangladesh. Después de haber vivido diez años en Europa, he ido a la India, a Calcuta. Allí, todavía, he sido apuntada por las fatwas. Mis libros han sido quemados en la plaza pública. Durante la presentación de uno de mis libros, he sido agredida en la calle por fundamentalistas musulmanes en Hyderabad. En Calcuta, han salidos a la calle para exigir mi expulsión. En respuesta, el gobierno indio de izquierda me ha puesto en residencia vigilada en Nueva Delhi, antes de expulsarme. Debido a los integristas, estoy, actualmente, obligada a un nuevo exilio. Es difícil vivir. Soy una escritora de Bangladesh. Vivo dolorosamente este alejamiento de mi país, donde podría animar a las mujeres a proseguir el combate por el derecho y la libertad.
H.- ¿Por qué los fundamentalistas, hacen de los derechos de las mujeres su objetivo privilegiado ?
TN.- En su visión, el poder de los hombres se mide en la opresión ejercida sobre las mujeres. La religión es la fuente del fundamentalismo. Ahora bien, ninguna religión preconiza la igualdad entre hombres y mujeres. Todas son hostiles a las mujeres. Son las religiones las que fomentan la opresión de las mujeres, las que les impiden gozar de los mismos derechos que los hombres. Perpetuán el sistema patriarcal, incompatible con la libertad de las mujeres.
H.- ¿Qué juicio le merecen las confrontaciones de estos últimos años en Francia y en Europa acerca de llevar signos religiosos en la escuela ?
TN.- Soy partidaria de la ley francesa que prohíbe portar signos religiosos en el recinto de las escuelas públicas. Es esencial, para la sociedad laica, preservar la escuela como un espacio de libertad de conciencia donde los signos religiosos no tengan su lugar. Respecto al velo, sobre el que se focalizan los debates, es para mí un símbolo de opresión. Las mujeres deberían rechazar llevarlo. Sin embargo si ellas aceptan llevarlo, esto debería ser un asunto privado. Toda sociedad laica debería preservar la escuela y más ampliamente la esfera pública de todo signo religioso.
H.- ¿Le sorprenden las tentativas de recuperación de los lugares públicos por lo religioso en Europa ?
TN.- Esto prueba que esta cuestión no se plantea únicamente en los países musulmanes. Los fundamentalistas progresan también en Europa. No solamente los integristas musulmanes, sino también los integristas cristianos. En los Estados Unidos, éstos no vacilan en agredir, amenazar de muerte a los médicos que practican la IVE (interrupción voluntaria del embarazo). En la primera potencia mundial, los cristianos evangélicos se han infiltrado hasta en las esferas de poder. En Inglaterra, los fundamentalistas musulmanes reivindican la posibilidad de aplicar la charia (ley islámica) a los ciudadanos de confesión musulmana. Obispos anglicanos y políticos han señalado que no estarían opuestos a ello. Si no ponemos freno a esta expansión de los fundamentalismos, si les dejamos actuar sin control, si la izquierda y los progresistas no aportan su apoyo al combate laico y humanista contra todas las formas de integrismo, entonces grandes retrocesos de la civilización llegarán a ser posibles.
H.- ¿Le parece que las fuerzas de izquierdas son demasiado complacientes frente a los fundamentalistas ?
TN.- Los ciudadanos de confesión musulmana son minoritarios en Europa. Ante esta situación, algunos, en la izquierda, se prohíben toda crítica de la religión musulmana e incluso muestran complacencia hacia las desviaciones fundamentalistas, creyendo que así aseguran la defensa de las minorías víctimas de las discriminaciones. En mi opinión es un gran error. Sin la izquierda, ¿cómo será posible llevar el combate laico, el combate por los derechos de las mujeres ? Dejar a la derecha apoderarse de estas cuestiones y que nos apoye seria mortífero. La derecha detesta el islam y a los musulmanes. Intenta instrumentalizar a los laicos para reafirmar sus objetivos racistas. Pero nuestras convicciones son de izquierda. Queremos una transformación progresista de las sociedades. No podemos por tanto dejar a la derecha pervertir nuestro combate laico.
H.- ¿Piensa que la pretendida “guerra contra el terrorismo” llevada estos últimos años por los EE.UU. ha reforzado los fundamentalismos musulmanes al ofrecerles argumentos ?
TN.- A los fundamentalismos nunca les han faltado argumentos. Cuando la URSS existía, su cruzada estaba dirigida contra los comunistas, acusados de ser enemigos de la religión. Tras la caída de la URSS, se han vuelto contra los EE.UU. acusados de ser enemigos del islam. Los fundamentalistas, cualquiera que ser su objetivo, no merecen ninguna simpatía. Deben ser combatidos sin descanso, sin considerar las razones que invocan para justificar su ideología destructiva. En el fondo, los enemigos que señalan importan poco. Las justificaciones de sus objetivos y de sus actos, las extraen de la misma religión. Es la religión la que les inspira su intransigencia, es en nombre de ella que amenazan y matan a aquellos que no comparten su visión del mundo. No es la guerra llevada a cabo por los EE.UU. la que les empuja a oprimir a las mujeres. Esta opresión existía ya antes. Es por tanto la religión la que se cuestiona como fuente del fundamentalismo. La guerra norteamericana plantea otro debate. Se puede discutirla, oponerse a ella. Pero el activismo de los fundamentalistas sería una realidad incluso sin las guerras de Irak y de Afganistán. Ellos no han esperado estas guerras para combatir los derechos de las mujeres, golpearlas, torturarlas, flagelarlas, lapidarlas hasta la muerte en nombre del islam. En los países musulmanes, las mujeres sufren desde hace mucho tiempo.
H.- ¿Cree que una negociación con los talibanes podría hacer posible la paz en Afganistán ?
TN.- Si es posible ¿por qué no intentarlo ? Pero ninguna solución duradera emergerá sin un cambio radical del sistema que fabrica a los talibanes. Es necesario cerrar las madrasas, que son las fábricas de fundamentalistas, y promover una educación laica, científica, es primordial. Que se negocie con los talibanes o que se les acose, da igual, si el sistema permanece. Hay que solucionar el problema de raíz. En realidad, yo no hago recaer la responsabilidad del caos afgano en los talibanes. Cuando se envía a los jóvenes desde los dos años de edad a las madrasas (escuelas coránicas) donde ellos aprenden el manejo de armas, con como único horizonte educativo la recitación del Corán, las predicas exhortando a la instauración de un Estado islámico o al asesinato de las mujeres y de los no-musulmanes, no es sorprendente que se conviertan en extremistas. Estos niños no tienen ninguna ventana al mundo, no tienen ninguna posibilidad de beneficiarse de una instrucción pública y laica. No estoy contra ellos, sino contra los promotores de este sistema que transforma a inocentes en talibanes. En el mundo musulmán, las madrasas crecen como setas, con la complicidad de los gobiernos que quieren así asegurarse el apoyo electoral de los fundamentalistas. Es preciso detener el abandono de la educación de los niños a los imanes radicales que les adoctrinan. Los Estados deben asumir su misión, creando escuelas donde los niños escuchen hablar de igualdad, de democracia, de libertad de expresión. Si nadie les transmite estos valores, ¿cómo podrán ellos un día reclamarlos ? La educación laica es la única arma eficaz contra los fundamentalismos